Tuesday, 14 May 2013

Celos


Acabo de llegar a casa y no soy capaz de dormir. 7:52 de la mañana y me da que va a ser un día largo. Anoche fue la cena de los compañeros de recepción en el piso más alto de la Heron Tower. La comida no fue nada del otro mundo pero las vistas son impresionantes. Yo me sentí literalmente en el séptimo cielo al tener la oportunidad de salir con Mario. No siento nada así por nadie desde Kostas, el griego que conocí el verano pasado.

Cerca de la medianoche decidimos que ya era hora de irse a casa y Mario y yo tomamos rumbo al oeste de la ciudad. Una vez solos, tuvimos la temida conversación acerca de lo que paso la otra noche. El me confesó que tenía demasiadas cosas en la cabeza y que no era un buen momento para conocer a nadie. Hace relativamente poco que ha salido de una relación y sigue enamorado de su ex.

¿Por qué siempre que aparece alguien especial en mi vida la historia termina antes de comenzar? Cuando argumentó que quería que fuéramos solo amigos porque no quería darme falsas esperanzas me entró el pánico y mentí. Le dije que yo tampoco buscaba nada serio y que no tenía que preocuparse por mí, que yo tenía mis historias y no esperaba nada de él. Pero nada más lejos de la realidad. Esta mañana me he levantado a su lado y he sentido una profunda tristeza. He sentido celos de una chica que vive en Paris y que estando tan lejos tiene a Mario tan cerca.

Y aquí estoy, de vuelta a casa y sin poder dormir. Tengo que trabajar en seis horas y allí estará él. Yo le sonreiré y le gastaré alguna broma, pero le mirare como si no hubiera nadie más en el hotel. Desearé poder tocarle, besarle y convencerle para que cierre su puerta al pasado y piense en el futuro, a mi lado.

 
Duck and Waffle
 
 

Sunday, 12 May 2013

British Summer

Llevo un par de semanas sin conseguir sacar a Mario de mi cabeza. El martes pasado hicimos un training juntos y, aprovechando los escasos días del verano inglés, decidimos ir a dar una vuelta a Hyde Park después del trabajo.
 
Este chico es el prototipo de italiano latin lover y me conquistó con su caballerosidad y picardía. Creo que he dado con la horma de mi zapato. En fin, que tras unos Pimms en el parque decidimos ir a cenar a uno de mis restaurantes favoritos, un persa en Bayswater cuya comida es deliciosa y al que puedes llevar tu propio vino.
 
Fue una cita perfecta, no podría estar más de acuerdo en que las cosas salen mejor cuando no las planeas. Nada de silencios incomodos o miradas esquivas. La química entre Mario y yo es innegable. Quizá la parte negativa de esta historia es el hecho de que trabajamos juntos y que, tanto si la cosa sale bien como mal, nos va a traer muchos quebraderos de cabeza.
 
Mañana mismo los compañeros del hotel han organizado una cena en uno de los restaurantes situados en lo más alto de la Heron Tower a la que asistirán James y Mario, sólo espero que no me toque sentarme en medio…
 
 
"Video Games" by Lana del Rey
 
 
I heard that you like the bad girls…
Honey, is that true?

Saturday, 11 May 2013

Nadie sabe


No sé si será la influencia de las comedias románticas americanas, pero toda mi vida he imaginado que hay alguien especial ahí fuera esperándome. Las flechas de cupido, las medias naranjas… crecemos pensando que encontraremos a esa persona especial destinada a compartir con nosotros el resto de nuestra vida y estaremos felizmente casados y con hijos antes de los treinta.

A medida en que pasan los años te das cuenta de que la teoría se evapora con la práctica. Relaciones efímeras, desengaños y traiciones están a la orden del día. Y cada ruptura conlleva una pesada carga que nos acompañará en futuras historias, minando nuestra autoestima e impidiendo que empecemos de cero.  

Es curioso como las personas que encuentran a su pareja a una temprana edad suelen terminar casadas y con hijos, quizá porque han aprendido a caminar en la misma dirección o quizá porque no saben caminar sin nadie que les coja de la mano.

En mi caso, no tuve mi primera relación seria hasta pasados los veinte. Por aquella época no me tomaba la vida demasiado en serio y aún conservaba la inocencia de quien no ha tenido el corazón roto. Pasé con Juan dos maravillosos años de mi vida en los que aprendí a ser mejor persona y a pensar en primera persona del plural. Jamás me he sentido tan feliz, tan segura de mi misma y tan libre.

Nuestra historia terminó poco antes del tercer aniversario, tras meses de agonía en los que se rompió algo dentro de mí. No entendía como el amor que sientes por una persona puede desaparecer de la noche a la mañana y todos los intentos por salvar una relación resultan inútiles.

Recuerdo como si fuera ayer cuando empezó todo. Íbamos de camino al cine charlando animadamente en el coche, cuando al mirar a Juan tuve una sensación parecida al déjà vu. Fue como si el tiempo se parase y alguien me quitara una venda de los ojos, de repente nada tenía sentido. Dejé de escuchar sus palabras y me pregunté a mí misma que hacía con este chico que, de repente, no era más que un extraño.

El tiempo no hizo sino empeorar la situación. Empecé a odiar aquellas cosas de Juan que antes amaba. Se me antojaba insoportable su voz, sus bromas, su risa. No quería seguir con él, pero no me atrevía a terminar una relación con una persona que me había dado tanto. No voy a negarlo, tenía medio a estar sola.

La relación se deterioró hasta tal punto que decidimos darnos un tiempo y pasar las vacaciones de semana santa separados. Él se marchó a la playa con sus amigos y yo vine a Londres con mi hermana y un par de amigas. Un mensaje al móvil a mi llegada al hotel fue todo el contacto que tuvimos y me sorprendí no echándole de menos. Es curioso como esta ciudad ha marcado tanto mi vida. Por aquella época no me imaginaba que sería mi destino.

La ruptura fue inevitable y dolorosa, pero ambos sabíamos que no estábamos hechos el uno para el otro y bromeamos recordando cómo, en una de nuestras primeras citas, nos prometimos que nunca seriamos una de esas parejas que ni hablan ni se miran cenando en un restaurante. Pese a todo, Juan y yo éramos grandes amigos.

Pase los siguientes tres días sumida en una profunda tristeza. Inapetente y callada en el trabajo, todos sabían que algo se había roto dentro de mí pero que necesitaba tiempo para asimilarlo.  Lloraba sin parar al llegar a casa y me dormía llorando cada noche. Al cuarto día se acabaron las lágrimas y decidí que la vida debía continuar.

Han pasado cuatro años desde mi ruptura con Juan, quien hoy en día sigue siendo el chico más importante de mi vida y un referente para mis futuras relaciones. He de confesar que en momentos difíciles me he preguntado si me equivoqué al dejarle escapar y pienso que quizá no volveré a vivir una historia parecida con nadie más.

Para todos aquellos que os habéis sentido así en algún momento, os recomiendo que veáis una de mis series de televisión favoritas: “Como conocí a vuestra madre”. Nada como una buena dosis de comedia (romántica) para superar el desamor e intentar comprender el complicado juego de las relaciones. Todos mis amigos piensan que me parezco a Robin, los que me conocen de verdad saben que soy un poco Barney pero, lo que nadie sabe, es que en el fondo soy Ted.

Friday, 10 May 2013

Días perros

En este último par de semanas he aprendido una lección importante: no importa donde estés o lo que hagas, sino con quien estas y con quien compartes tu vida.

Cuando hace casi tres años hice las maletas y dejé mi antigua vida atrás para empezar de cero en un país en donde no conocía a nadie, no era consciente de la importancia de rodearte de gente que te quiere y que saca lo mejor de ti.

Siempre he sido una persona que tiende a aislarse del mundo. Me sorprende mi independencia y mi capacidad para salir adelante sin ningún apoyo. Pero he de confesar, que desde que vivo lejos de mi tierra, algo ha cambiado dentro de mí y busco el cariño constante de la gente que me rodea.

La semana pasada recibí la visita de mí querida hermana y una de sus mejores amigas, a las que se unieron unas cuantas amigas más de ambas que viven en Londres. Entre todas consiguieron contagiarme con su optimismo y pasamos unos días haciendo tonterías turisteando por la city sin importar lo que piensen los demás.

A veces no hay nada mejor que perder las formas y la vergüenza, valores tan arraigados en la fría y lluviosa Inglaterra. Se acabó aquello de “Keep calm and carry on”, yo me quedo con “Get crazy and keep on going”.
 
"Dog days are over" Florence and the Machine


Happiness, hit her like a train on a track
Coming towards her, stuck still no turning back

Sunday, 28 April 2013

Urodziny


Domingo de celebración por el cumpleaños de Katherine, una de mis amigas más veteranas de Londres. Hemos revolucionado la oficina del hotel con tarta y champagne cantando el “happy birthday” en polaco, ruso, español y alemán.
 
Pese a la sorpresa, Katherine no podía ocultar en su mirada la tristeza que siente por cumplir veinticinco años y sentirse vieja. Me confiesa que a su edad se imaginaba casada y con varios hijos viviendo en una casa a las afueras de Varsovia.
 
Intento que no me afecten sus comentarios, pero no puedo evitar pensar que mi situación es aún peor. A mis casi 28 primaveras, acabo de empezar una profesión de cero, no tengo novio y vivo en una habitación de un piso compartido. Vamos, estoy hecha una triunfadora y puedo ir con la cabeza bien alta a cualquier evento social en España.
 
No dejare que me afecten las miradas de mis tías del pueblo ni los comentarios de mis primas cuando debatan entre ellas cual es mi problema. Ya me he acostumbrado a que suelten perlas tipo: - Mírala, pobrecilla, que sola debe estar en esa ciudad tan fría… lejos de la familia y sin nadie que se preocupe por ella- o - Con lo mona que es, ¿cómo es que aún no se ha echado novio? – Sin duda es una rarita, estas niñas de ciudad…-
 
He llegado a la conclusión que no todo el mundo tiene que llevar el mismo ritmo y que prefiero estar sola que estar con alguien solo por tener compañía. Quizá es verdad que exijo demasiado y que soy una inconformista nata, pero ¿acaso eso tiene algo de malo? De momento me concentro en disfrutar el día a día y arrepentirme de lo que hago, no de lo que no me atrevo a hacer por miedo a fracasar.

Saturday, 27 April 2013

Secretos

Tras una semana de emociones fuertes por fin he sacado tiempo para sentarme frente al ordenador. Ha llovido bastante desde mi último post. Tal como le he dicho hoy a una de mis mejores amigas inglesas: “I have to stop messing around”...

El nuevo trabajo es todo un reto: ser recepcionista es más complicado de lo que pueda parecer a simple vista, especialmente en un hotel de más de doscientas habitaciones con suites que alcanzan las diez mil libras la noche. De momento estoy aprendiendo e intentado ser útil a los demás. Desde luego es un plus el hecho de trabajar de día y poder llevar una vida normal. En apenas tres semanas me he puesto al día con amigos que no veía desde tiempos inmemoriales, me he convertido en una de las regulares del pub de la esquina y he ido al gimnasio más que en los últimos meses.

Y en cuanto a lo personal… se han cerrado algunas puertas pero se hab abierto muchas ventanas. El miércoles pasado quedé para cenar con algunos compañeros del hotel para despedir a Mark, que se marchó de vuelta a la universidad tras sus vacaciones de Semana Santa. Noche de risas y vinos en que, rodeada de veinteañeros, me sentí como una más. Pero tras la fiesta llega la resaca y siempre cuesta decir adiós. Esta vez algo dentro de mí decía que Mark y yo no sobreviviríamos un mes separados. ¿A dónde nos lleva esta relación?

Ese mismo viernes decidí salir con los compañeros de la recepción. Según mi jefe, ir al pub tras un duro día de trabajo es la mejor forma de estrechar lazos en el departamento. Y no iba desencaminado. A nuestro grupo de recepcionistas se unió James, uno de los relaciones públicas del hotel. Una cosa llevo a la otra y acabamos volviendo a casa en taxi confiando en que nadie se diese cuenta de nuestra ausencia. Y el sábado por la mañana no sabía dónde meterme al despertar a su lado. Arrepentimiento, confusión y sobre todo, pánico al pensar que alguien pudiera habernos visto la noche anterior.

Tras una semana de mensajes con James, decidimos que lo mejor sería no dejar que lo nuestro fuera a más. El lleva meses detrás de una chica de mi departamento con la que, he de admitir, haría una pareja perfecta.

Y por segunda semana consecutiva, terminamos la semana entre pintas y sauvignones en el pub. La que empezó siendo una noche aburrida conversando sobre el trabajo acabó convirtiéndose, gracias a chupitos de sambuca y vodkas con red bull, en un auténtico desmadre. Tras ser desterrados del pub a medianoche decidimos ir a un club de salsa en Picadilly, donde el alcohol sacó lo mejor y peor de cada uno.

Ante la atenta mirada de James, pasé toda la noche bailando con Mario, el nuevo recepcionista italiano que me tiene loca. Por suerte tuvimos un momento de lucidez y decidimos no hacer nada de lo que podamos arrepentirnos el lunes al volver a la oficina.

Y aquí estoy, tras afrontar ocho horas de trabajo con mala conciencia por mi aventura con James, sin saber nada de Mark y sin conseguir sacarme a Mario de la cabeza; con tantos secretos en mi cabeza que no puedo contar a nadie.

“Wine and Chocolates” by Theophilus London

 
 
It's time to live it up, oh